Mucho se ha discutido y discute, entre los
amantes de la Naturaleza, sobre la caza. Sus defensores y detractores esgrimen buenas razones para ensalzarla o condenarla. Todo tiene su explicación y, por lo tanto, se puede justificar… otra cosa es que
sea condenable o no. Esto último, por lo general, depende del contexto.
Hace pocos meses se hablaba de
los awás, una tribu amazónica amenazada por la expansión de nuestra
civilización. En un noticiario de televisión les dedicaron algunos minutos: los
awás, se veían aún gente sana y fuerte, sonrientes, conocedoras de su medio del
cuál obtenían todo cuánto necesitaban, utilizaban un gran abanico de plantas,
pescaban y cazaban, en concreto se les veía cazando monos. Esto último no les
convertía automáticamente en seres insensibles hacia los monos y sus necesidades… En una imagen estupenda e impactante –cierto
que una imagen vale más que mil palabras- se podía ver como una mujer awás
amamantaba de su propio pecho a una cría de mono que había dejado huérfana un
cazador de la tribu. En este contexto la caza se entiende y justifica
perfectamente y sin problemas, es pura supervivencia, no hay nada más que decir.
