Dada la crisis generalizada y nuestros continuos fracasos al tratar de
frenar la pérdida de biodiversidad y las emisiones contaminantes y de efecto
invernadero, cabe preguntarse: ¿Cuál es la influencia real de la “concienciación”
de las personas sobre el entorno?
Por ejemplo. Sabemos que poco antes de la crisis alcanzamos un máximo (al
menos relativo) de abundancia. Y la abundancia dejó también abundante basura… Abundantes
deshechos del máximo consumo embotellado, enlatado, empaquetado, embolsado… Abundantes
objetos tecnológicos que fueron superados rápidamente por otros mejores, más actualizados,
más “a la última” o, simplemente, finiquitados por la obsolescencia programada.
Y abundantes, abundantísimos… -¡como pasarlo por alto!- materiales desechados de
la vorágine constructora.