A principios de mes estuve en un curso de verano de la UNED sobre divulgación científica. Los diferentes ponentes parecían coincidir esencialmente en algo: vivimos en una sociedad basada en la ciencia y la tecnología. Lo cuál, a todas luces, es innegable. Había quien, incluso, afirmaba que ciencia y tecnología son inseparables, algo así cómo las dos caras de la misma moneda.