Es curioso cómo funciona la mente humana.
Este verano he dado clases a un niño muy espabilado y simpático de seis años de edad.
En los momentos de lectura, cuando llegaba a una palabra que le resultaba incomprensible, por no dejar de leer o reconocer que no la entendía… sencillamente, ¡se la inventaba! Decía cualquier palabra que le venía a la mente y que guardara alguna similitud o relación con lo que había leído justo antes. Lógicamente, en la mayoría de los casos, la palabra que él imaginaba y la que era en realidad, no coincidían. Yo le pedía que no hiciera eso…, que no se inventara las palabras y se limitara a leer lo que ponía. Él se reía avergonzado pero a la siguiente lectura volvía a hacer lo mismo… y así todo el verano.