Translate

25 sept. 2012

De la caza...


Mucho se ha discutido y discute, entre los amantes de la Naturaleza, sobre la caza. Sus defensores y detractores esgrimen buenas razones para ensalzarla o condenarla. Todo tiene su explicación y, por lo tanto, se puede justificar… otra cosa es que sea condenable o no. Esto último, por lo general, depende del contexto.

Hace pocos meses se hablaba de los awás, una tribu amazónica amenazada por la expansión de nuestra civilización. En un noticiario de televisión les dedicaron algunos minutos: los awás, se veían aún gente sana y fuerte, sonrientes, conocedoras de su medio del cuál obtenían todo cuánto necesitaban, utilizaban un gran abanico de plantas, pescaban y cazaban, en concreto se les veía cazando monos. Esto último no les convertía automáticamente en seres insensibles hacia  los monos y sus necesidades… En una imagen estupenda e impactante –cierto que una imagen vale más que mil palabras- se podía ver como una mujer awás amamantaba de su propio pecho a una cría de mono que había dejado huérfana un cazador de la tribu.  En este contexto la caza se entiende y justifica perfectamente y sin problemas, es pura supervivencia,  no hay nada más que decir.


El tema de la gestión de la fauna también resulta controvertido. A veces por razones de interés puramente humano –como el de los ganaderos y el  lobo en Picos de Europa-, otras por cuestiones de conservación.
Si hay un conflicto de intereses entre los humanos y otros animales, siempre trataremos de salir beneficiados, aunque eso no sea justo ni equilibrado en términos ecológicos ni éticos… Por ejemplo en Montserrat  cada año se “controla” la población de cabras montesas para que no molesten a  escaladores, excursionistas y paseantes… En Picos de Europa se han saltado a la torera la protección del lobo para tratar que 300 ganaderos no tengan pérdidas económicas por su causa. 
Mantenemos muchas especies al borde de la supervivencia y la extinción en estrechas franjas de bosque,  en parques y zonas perfectamente delimitadas,  si alguna asoma la cabeza fuera de esos límites… ¡zas! No sólo porque a muchos humanos les resultan una amenaza a sus intereses o tranquilidad… nuestras ciudades, vías de comunicación y transporte  son totalmente incompatibles con su presencia.

A nivel de conservación, las especies invasoras y sus posibles –aunque difícilmente probables- peligros son tratadas a tiro limpio… ¿El fin justifica los medios? Pues a veces sí y a veces no… Si ningún animal se hubiera desplazado de unas zonas a otras jamás se habría producido la dispersión natural que es parte de la evolución de las especies, así que no tiene porqué ser necesariamente problemático en todos los casos. Sin embargo, esta dispersión se produce por nuestra causa a un ritmo acelerado… muchas especies invasoras viajan en tren, barco y avión. Así que tratamos de paliar este excesivo tráfico para evitar problemas que después nos superen. 
Por más que nos apene matar a ciertos animales, a veces no hay más remedio…  

Por otra parte, cuando valoramos la posibilidad de que nuestro sistema caiga e intentamos imaginar cómo sobrevivir en esas circunstancias…. Entonces uno piensa que quizá mejor que algunos de nosotros conserven el conocimiento de las artes de caza… ¡por lo que pueda llegar a pasar! ¡¿Qué comeríamos si no se abastecieran los supermercados?! Claro que con la fauna que nos queda tampoco daría para alimentarnos a todos cazando.

A pesar de todo, sinceramente, a mi lo de la caza siempre me ha parecido algo terriblemente trágico… Pero es que todo tiene su contexto.

Yo nací en una ciudad, en cuyos márgenes degradados abundaban a penas algo más que lagartijas e insectos y por cuyas calles vagabundeaban perros y gatos hurgando en las basuras – que cada noche se bajaban y apilaban, religiosamente, al lado del portal-, desesperados por hallar algún hueso o chusco de pan. Eran animales hambrientos y asustados, sucios y seguramente enfermos… se les veía en un estado realmente lamentable. A mi me apenaba enormemente verlos así y no entendía que para más inri algunos los maltrataran y mataran por pura diversión…  desde mi mirada infantil me parecía de una crueldad brutal, desgarradora… e inaceptable!  
 No había visto jamás otro tipo de fauna; excepto en el zoológico, una vez. Fue una experiencia contradictoria: por un lado me fascinaba ver a toda aquella variedad de animales… pero, por otra, me apenaba verlos encerrados, limitados sus movimientos, tristes, apáticos, nerviosos o enfadados por su situación. 
Los programas de Rodriguez de la Fuente en tv nos mostraban una fauna salvaje libre, equilibrada, sana e integrada en su medio. Tenía conocimiento de que esa fauna se refugiaba dónde podía…  en aquellos bosques y parajes alejados de las urbes y, sobre todo, de nosotros los humanos.

A diferencia de mis padres, que vivieron de niños la guerra civil y la posguerra, yo nunca pasé hambre. En mi casa había una nevera y  siempre había algo que comer…  En todas las demás casas de mi ciudad también había neveras con comida…  y sólo había que bajar a la tienda o al supermercado para recargarla. En la ciudad nadie se sentía amenazado por ningún animal… el cuento de “Caperucita Roja” no tenía ningún sentido a no ser que el lobo fuera en realidad algún que otro humano disfrazado. No había ninguna necesidad de cazar: ni para alimentarse ni para defenderse.

En las granjas de las afueras se cebaban enormes cantidades de animales para nuestro consumo. Por las carreteras pasaban camiones repletos de cerdos, gallinas, vacas… Esta sobreabundancia y transporte me entristecía y repugnaba… pensaba que mejor vivirían libres aunque un día murieran a causa de un disparo. Pero también sabía que gracias a eso comía albóndigas, bistces y bocadillos de jamón, salchichón y chorizo.

Resumiendo, tenía todo lo necesario: alimento y seguridad. ¿Qué sentido tenía que unos  cazadores fueran a matar aquella fauna silvestre que, alejada, sólo trataba de sobrevivir lo más escondida posible de nosotros? ¿Acaso no resultaba perverso que teniendo la nevera y la barriga llenas siguiéramos persiguiendo animales? ¿Era razonable o ético desestabilizar sus poblaciones hasta ese extremo, dejar sus familias rotas, jóvenes huérfanos y adultos malheridos… sin más sentido u objetivo que nuestro propio entretenimiento o diversión? Nosotros no somos awás, no vivimos en equilibrio y estrecho conocimiento con nuestro entorno y no necesitamos cazar.
 
Actualmente, ya no se dejan las basuras al lado del portal… se recicla en contenedores cerrados y las ciudades están más limpias… Pero las urbes, la industria y la contaminación han ido a más y más... Los perros y gatos viven con nosotros y tratamos de cuidarlos bien. Los esfuerzos de conservacionistas y ecologistas han conseguido recuperar algunas especies de una extinción segura. Sin embargo una cantidad importante de fauna salvaje ha desaparecido o está en peligro, y es que cada vez quedan menos lugares dónde poder sobrevivir… 
Pero, a pesar de la crisis, en Europa los supermercados siguen llenos de comida y no nos faltan explotaciones intensivas de ganado para consumo humano, ni pesca; y ahora, cada vez más, también piscifactorías… En este contexto ¿tiene sentido ir a cazar o pescar?

En estos últimos años, la pesca con caña y anzuelo se ha puesto de moda entre Calafell y Comarruga. Este verano aún había más pescadores que el anterior…  asaltan la playa, para tomar posiciones, antes incluso de que se marchen los bañistas. Las gaviotas y algún correlimos  que esperan pacientes  a recorrer la orilla y las aguas bajas en busca de alimento se encuentran también esta competencia desleal. Y yo me sigo apenando, como cuando era  niña…. hace ya... 

2 comentarios:

  1. No, no somos Awas. No mantenemos el equilibrio, al contrario, lo desequilibramos a nuestro favor. Es un negocio, y como tal lo mueve el dinero, solo el dinero. Saludos desde Ecija.

    ResponderEliminar
  2. Saludos Pablo, y gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar