Translate

12 dic. 2011

El COP17 DE DURBAN

Ésta es una de esas excepciones sobre las que no puedo dejar de escribir, por muy ocupada que esté con las leyes de la física o los contaminantes químicos… libros y apuntes tendrán que esperar un rato sobre la mesa.

Recientemente se ha celebrado en Durban (Sudáfrica) el COP17 (la decimoséptima conferencia de las Naciones Unidas que firmaron la Convención Marco por el Cambio Climático, o sea, para tratar sobre el problema y las posibles medidas a tomar para paliarlo).
Siendo un asunto crucial y de vital importancia, resulta curioso –por no decir  “penoso”- que el resultado de la reunión, después de varios días, haya sido un “Bueno, intentaremos hacer algo al respecto más adelante…”. Tengo que decir que no me ha sorprendido en absoluto, visto lo visto hasta la fecha, aunque una parte de mí esperaba ilusamente –o quizá sólo era un deseo-  que se produjera algún gesto significativo.

Lo que ha sucedido, nuestra sabiduría popular lo resumió hace tiempo en el refrán “El uno por el otro la casa sin barrer”. El problema es que ya no es sólo una cuestión de barrer o limpiar la suciedad de nuestra casa… -que también- sino de salud y calidad de vida, de ética y, en última instancia, de supervivencia.
  
Dada la importancia del tema, es notoria la poca trascendencia pública que se ha dado en los habituales medios de comunicación de masas –léase: televisión-. El sábado día 10, el mismo día que terminaba la conferencia, en las noticias del mediodía de Antena3 televisión -de las más vistas en toda España-, le dedicaron una breve referencia en la que el único comentario al respecto (no se explicó nada sobre el desarrollo, motivos,  implicaciones o decisiones del COP17) era: Se ha considerado un fracaso.
Contrastó el estilo superficial aplicado a la noticia con el marcado énfasis que pusieron en otra poco después. Y no deja de ser llamativo que esa otra noticia fuera el reciente descubrimiento de un planeta “habitable”, aunque el único problema, según la noticia, es que se encuentra a ¡seiscientos años luz de la Tierra!

Esto no es nuevo… Lo de buscar vida en otros planetas o posibilidades de albergarla, empezó a tomarse en serio en los años 60 cuando nuestro desarrollo alcanzó por primera vez máximos preocupantes.  
El que se dieran las dos noticias en el mismo telediario: la del fracaso del COP17 y la del planeta “habitable”, aunque no fuera intencionadamente, no  ha sido algo casual. Por el mismo motivo que no es casual que ante el evidente y continuado fracaso para cambiar nuestros modelos energético y económico no dejemos de mirar al cielo en busca de una solución. (Aunque, de sobra sabemos que las soluciones no caen del cielo).

Eso de “ya lo solucionaremos más adelante", "en otro momento” o “en otro lugar…” pero siempre lejano… es nuestra estrategia típica, de huída hacia delante, cuando se nos presentan problemas o cuestiones que, por los motivos que sean, no queremos o no podemos afrontar.
En los tiempos en que la Iglesia tenía gran influencia sobre nuestro imaginario  esa huída hacia delante se traducía en una fe ciega por “La Otra Vida en el Cielo”. Con el tiempo, en la medida que hemos buscado respuestas más racionales, la hemos transformado en la posibilidad de “Vida en Otros Planetas”.

Sinceramente, si lo uno era fantástico, lo otro casi le da alcance… Tenemos un planeta, la Tierra, que no es un vehículo ocasional y menos aún de ocasión, ni siquiera algo así como una casa de la que uno se pueda cambiar voluntaria o forzosamente desahuciado por las deudas… sino un sistema muy complejo, a modo de organismo, con un tejido vivo y enormemente variado del cuál somos una parte. Formamos parte de la Tierra física y psicológicamente de una manera que, nuestra civilización, tan sólo recientemente ha empezado a comprender.  

Sabemos de qué está hecho ese tejido y el delicado equilibrio que lo une a través de los ecosistemas, de las partes interrelacionadas de la Tierra, de sus ciclos y mecanismos físicos y químicos… (aunque algunos aún estar por acabar de entender cómo funcionan) así cómo de las consecuencias nefastas de muchas de nuestras actividades, pero no somos capaces de frenar… quizá, simplemente, ya no podemos.
Sin embargo el sistema Tierra no tiene conciencia, no siente, no le duele… al contrario que muchas especies, entre las que nos contamos a la cabeza. Quizá, los que aún nos sentimos a salvo, deberíamos ir pensando en estar preparados. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario