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25 ago. 2011

TESTIMONIOS DEL FUTURO EN LA ISLA DE SAN SIMON

Mañana empieza el encuentro de científicos y divulgadores de la Isla de San Simón (http://www.fundacionilladesansimon.org/). Aunque sea a distancia e indirectamente quiero aportar mi granito de arena. En concreto a algunas de las cuestiones que se plantearán:

¿Somos conscientes o culpables, o responsables?, ¿Cómo se manifiesta el futuro? ¿Cómo sabemos si ha llegado?…


Las predicciones siempre son arriesgadas… y el margen de error aumenta proporcionalmente a la lejanía del momento que se pretende predecir.
Pero con Ciencia, que es la forma que tenemos de aproximarnos a la verdad, las predicciones se acercan bastante.  
El problema también, es saber cuando llegamos al momento de la predicción pues no resulta a todos igual de evidente –como el triste y reciente ejemplo del anunciado cambio climático que, durante años, casi nadie quería admitir-. Además las predicciones pueden ser más o menos optimistas o pesimitas en función de inclinaciones personales. Un astrofísico que anda siempre mirando a las estrellas y un geólogo que anda siempre con la mirada puesta en la Tierra es posible que también difieran en sus predicciones.
Sin embargo, históricamente, las predicciones científicas han tenido una tendencia marcadamente optimista. ¿Acaso el científico es un espécimen optimista por naturaleza? ¿o el exceso de optimismo del pasado era debido a las condiciones favorables del entorno? (al no verse nubarrones no se podía predecir la tormenta).
Los Testimonios de Futuro en la isla de San Simon pronto nos llegarán (en twiter @illasansimon y #TestimoniosFuturo) y, dados los nubarrones que claramente se divisan en nuestro horizonte, podremos apreciar si pecan o no de optimismo.

Mi opinión al respecto es que, aunque cada vez se ha ido extendiendo más la idea de  que el desarrollo humano (tanto a nivel tecnológico como demográfico) es la causa directa de los problemas ecológicos y climáticos; y, aunque se van dando pasos para tratar de minimizar ese impacto negativo sobre el planeta… ¡hay un enorme desfase entre el acelerado e imparable desarrollo y las acciones que se llevan a cabo para tratar de minimizar el impacto ambiental! Esto me obliga a ser pesimista.

Pero lo que yo quería, principalmente, tratar en este post es la pregunta “¿Somos conscientes o culpables, o responsables?” Que además tienen que ver con otros post que ya he publicado en los que se plantean la no culpabilidad de las tendencias naturales y sociales humanas (en el post Crisis que republicaré con algunas correcciones) y una reflexión sobre “la concienciación” y las “intenciones” (en el post del Pez Payaso). Además estas preguntas, me recuerdan que tenemos una confusión generalizada entre lo que consideramos “culpabilidad” y “responsabilidad”.

Pero empecemos por el principio. La conciencia. El concepto de “conciencia” está sobrevalorado; posiblemente por que cuando surgió estábamos centrados básicamente en nuestro ombligo. Y así, se pensó que era una cualidad exclusivamente humana y como tal se la dotó de la más alta consideración y alabanzas.
Ya se ha comprobado científicamente que algunas especies no humanas tienen conciencia, o sea, esa capacidad de reconocerse uno a sí mismo y lo que le rodea… (¡y las que nos quedan por comprobar + las que nunca podremos llegar a comprobar!) Pero ahora, la concienciación (una variable derivada de la “conciencia”), se considera una de las más venerables y exclusivas cualidades humanas, capaz de crear una respuesta positiva para solucionar nuestros problemas.
Sin embargo hay ejemplos que demuestran que hay tendencias humanas ante las cuales la concienciación nada puede hacer (como ejemplo el caso de la película “Buscando a Nemo” del post anterior).
Otros estudios científicos apuntan a que no somos tan conscientes cómo creemos. Una parte importante de nuestra vida la pasamos durmiendo y muchas cosas, en nuestro tiempo de vigilia, las hacemos sin pensar, por costumbre, automáticamente… Si tenemos la sensación de que estamos “todo” el tiempo conscientes es, precisamente, porque no tenemos conciencia del tiempo en que no somos conscientes… Por ejemplo, a quién no le ha pasado alguna vez, inmediatamente después de un trayecto habitual en coche darse cuenta que ¡no puede recordar por dónde ha ido conduciendo!
Así que quizá ya va siendo hora de que admitamos que sí, muy bien, tenemos conciencia y está muy bien concienciarnos de los temas importantes, pero que esa conciencia es parcial, limitada por otras cuestiones y, desde luego, no la solución a los problemas climáticos, ecológicos y demográficos a los que nos enfrentamos, porque hay otras circunstancias y tendencias, externas e internas, que nos empujan en una dirección muy distinta a la que, ya no la concienciación sino, el sentido común nos empujaría.

Culpabilidad y Responsabilidad. Esto lo quiero tratar en conjunto porque, aunque  son palabras que reflejan conceptos diferentes, las utilizamos prácticamente sin distinción en muchos casos.

La culpabilidad es un concepto siempre negativo, moral, utilizado por la Justicia pero también por la religión preferentemente. La culpa emite una voz de alarma y desasosiego que nos indica que algo que hemos hecho ha producido un perjuicio, un desbarajuste, algo que va alterar, o ha alterado, irremediablemente, para mal el devenir de ciertos seres y/o entorno a causa de nuestros actos. El peso de la culpa es muy difícil de llevar psicológicamente… Así que las personas que, por lo general y en su mayoría, tendemos a vivir la vida de la forma más feliz posible (por pura cuestión de salud mental) solemos negarla, rechazarla como propia y, en cualquier caso, considerarla ajena… ¡el culpable siempre es el otro!

La responsabilidad, se refiere únicamente a que uno tiene una relación directa e ineludible con los efectos que producen sus actos. No implica ningún relativismo moral ni religioso, es la simple constatación de que todo acto tiene un efecto (pura física). Además, la responsabilidad, se utiliza tanto en negativo como en positivo. Se es responsable del mal que uno causa a otros, a sí mismo y a su entorno, pero también una persona equilibrada, madura, es responsable de su vida, de la de otros y de las condiciones de su entorno, de forma positiva y loable.
Decir de una persona que es “responsable” es una forma muy buena de calificarla, si además es aún joven cualquiera entiende que esto significa que esa persona es madura para su edad y que realiza exitosamente sus estudios, trabajo, relaciones familiares, etc. Decir que fulanito o menganita son unos irresponsables es de lo peor que se le puede decir a una persona. Todos nos sentimos responsables y además nos gusta serlo, queremos serlo!

Así que, evidentemente, resulta mucho más acertado y apropiado considerarnos responsables de nuestro Planeta y lo que le sucede y puede llegarle a suceder a causa de nuestros actos que no culpables.

Este post está inspirado, en gran parte, en la asignatura “Medio Ambiente y Sociedad” del grado de Ciencias Ambientales, la cuál me sorprendió muy agradablemente al poner en cuestión temas que eran tabú en el panorama educativo hasta hacía muy poco pero que muchos pensábamos desde hacía bastante tiempo. Cuestionar los continuos avances tecnológicos su necesidad o no y su impacto y/o, especialmente, la ingeniería genética o la geoingeniería… era ya necesario y una cuestión de sentido común. 
También planteaba que los efectos de nuestros actos, nuestra responsabilidad, en base al alcance de nuestra tecnología, van mucho más allá de lo que cualquier ser humano, a lo largo de la historia humana, haya podido jamás afrontar… Ya que lo que ahora está en juego es el futuro de la Humanidad.

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