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11 sept. 2011

DEL PROGRESO DE LA CIENCIA

Recientemente, en Amazings, leí un artículo titulado “La Ciencia es progresiva”. Básicamente la idea que transmitía era que la Ciencia ha seguido un camino de menos a más, mientras que en el arte cada artista hace algo siempre nuevo y en religión no hay avances.

Sin embargo todo se nutre de una manera o de otra del pasado y, al mismo tiempo, va cambiando con el tiempo: el Arte, La Religión y la Ciencia. Cada campo por diferentes caminos y por diferentes motivos.
La Ciencia se contrapone a la religión por razones mucho más obvias  que por ser o no progresiva; y el arte no es comparable, pues su fin no es buscar o pretender el conocimiento, sino la expresividad, la belleza y la emoción.

Pero, cabe preguntarse, ¿qué significa exactamente “la ciencia es progresiva”?
Es fácil entender que, desde el pasado hemos ido haciendo descubrimientos y acumulando conocimientos. Sin embargo, decir que algo es “progresivo” significa que ese algo va ilimitadamente en aumento y hacia delante ¿Es esto cierto? ¿El conocimiento no tiene límites?

Hace poco estuve viendo el primer vídeo de la isla de San Simon, dónde se reunieron científicos y divulgadores tratando de ofrecernos algún atisbo del futuro… Uno de los contertulios, un físico, decía que si bien la tecnología se puede seguir desarrollando ampliamente, el conocimiento científico está a punto de alcanzar sus límites (en unas décadas, cien años o ciento y pico… todo lo más).
Puede parecer una afirmación muy drástica. Pero es innegable que las leyes naturales son siempre las mismas… y que, por otra parte, el ser humano tiene unos límites. Es muy posible que no encontremos más respuestas a preguntas del tipo de dónde surgió el Universo o cómo se originó la vida.

Otra cosa es que, con los conocimientos adquiridos, podamos ir configurando siempre nuevas tecnologías… (¡siempre que hayan los recursos disponibles para ello, claro!) al modo en que con las 28 letras del abecedario creamos un lenguaje siempre en continua transformación. Pero a esta forma de cambio no se le puede llamar “progresivo”, ya que esto implica una linealidad que sólo es aparente (referida a un lugar y espacio de tiempo determinados), en realidad, un tipo de configuración así, fluye en múltiples direcciones y, en función del entorno y las circunstancias, se producen avances, cortes, fallos y regresiones.

Las civilizaciones nacen, crecen y desaparecen… y con ellas, si no todos, una parte muy importante de los conocimientos y tecnologías que llegaron a dominar.
Por otra parte, todas las civilizaciones tienen sus propios mitos…. Y a mi esto de la “progresividad” de la ciencia me recuerda a uno.

El Progreso es el mito, por excelencia, de nuestra moderna civilización. Su postulado principal es que el presente, por definición, es siempre mejor que el pasado, y en el futuro… ¡está por llegar lo mejor! algo así como una versión actualizada del cielo prometido judeo-cristiano en el que el hombre por fin llegará “Hasta el infinito… y más allá!”. Evidentemente, no existe ninguna base científica que pueda confirmar o justificar tal creencia.

Recientemente hemos empezado a comprender que la Naturaleza tiene unos límites, el siguiente paso lógico sería aceptar que nosotros también. De hecho muchos ya lo hemos aceptado pero la inercia de algunas creencias es aún muy grande. Sólo hay que leer las noticias o ver los telediarios para comprobar que nuestros gobernantes siguen fieles a los lemas del progreso…

La sociedad tecno-científica no es en absoluto mejor que cualquier otra por el hecho de estar en nuestro presente. Y el futuro siempre es incierto.

Los cambios acelerados y la complejidad tecnológica, también son considerados por muchos cómo signos de “mejora”. Aunque lo único que podemos afirmar es que a mayor número de individuos complejos interactuando mayor complejidad del conjunto. ¿Se puede considerar la complejidad un signo de mejora? Pienso que no. Y aunque tuviéramos algunos motivos para creerlo… hay estudios sobre otras especies que nos dan más motivos para considerar el crecimiento acelerado de una población como sinónimo de problemas y colapso.


Cómo no hay que idealizar el presente o el futuro tampoco se trata de idealizar épocas pasadas ni fustigarnos inútilmente por las maldades de nuestra civilización, sino admitir que las cosas son como son y están cómo están, aceptar nuestras limitaciones y responsabilidad en la medida en que también nos sentimos orgullosos de los conocimientos y logros adquiridos… Y, necesariamente, tratar de desmitificar, dejar de crear dioses y/o endiosarnos en su defecto, es un buen ejercicio de aceptación de la realidad que nos ha tocado vivir… Y quizá nos puede ayudar a reconocer con más tino los nuevos caminos que tendremos que recorrer.

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