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22 jul. 2011

REVOLUCIÓN 2.0: LOS INDIGNADOS

Cuando a poco de las elecciones municipales seguían las calles tomadas por gentes de todas las edades, gustos y colores, los políticos de derecha e izquierda  y su séquito de  periodistas, trataban de analizar sin mucho éxito que estaba pasando. Y digo “sin mucho éxito” porque tanto los unos como los otros buscaban, en esos movimientos, una ideología determinada, unos líderes concretos, unos organizadores… Trataban, en fin, de analizar un tipo de movimiento al uso, tal y cómo hasta la fecha estábamos acostumbrados. Al poco cayeron en la cuenta, no sin cierto recelo, que las nuevas formas de comunicación, las redes sociales y, en definitiva, lo que se ha dado en llamar la cultura 2.0 han permitido canalizar y organizar de forma descentralizada un sentimiento generalizado de descontento y descreimiento en la política, acrecentado por el oscuro panorama de la Crisis.


Está claro que el movimiento 15-M no ha surgido como un movimiento político en el sentido habitual del término. Sin embargo, hay gente de la izquierda que lo pretende “monopolitizar”. De hecho ya en sus primeros días de vida resultó más simpático a las izquierdas y más antipático a las derechas…  ¿Por qué?

Bueno, no nos vamos a poner ahora a hacer un análisis exhaustivo de la psicología de unos y otros pero las derechas siempre tienen, o al menos demuestran, más miedo al cambio… las novedades les aterran y, por ejemplo, a Esperanza Aguirre y Nacho Villa(Cope) ya se les escaparon algunos improperios televisados contra el movimiento, en sus primeras semanas de vida, aludiendo a las Santas Leyes y el Gran Orden (que no es que los izquierdistas no lo hicieran… que también pero, sin letras mayúsculas, más suave o disimuladamente). Recuerdo que la una dijo que la democracia no tiene apellidos (¿o dijo “adjetivos”?), por lo de Democracia Real, y quiso compararlo con algunos “apellidos” -o adjetivos- desafortunados (¿quizá se refería al Nacional Socialismo?); y el otro alegó a la violación del Sagrado Día de Reflexión, por parte de los indignados al permanecer concentrados en las calles el día antes de las elecciones.

La cuestión es que el movimiento 15-M le ha caído mejor –en todos los sentidos- a la izquierda. Dadas las circunstancias (me refiero al bajón de popularidad de la izquierda en las urnas), los indignados podrían ser incluso su tabla de salvación si les ofrecieran, en alguna medida, lo que están demandando que no es más que lo que la inmensa mayoría necesita. Esto les haría ganar votos para las generales. En este sentido, la derecha podría hacer lo mismo… pero aún no está en el poder; cuando lo esté, si lo consigue, veremos si sabe o no jugar sus cartas –cómo era aquella canción: lo dudooooo, lo dudoooo-.

El problema es que vivimos en un mundo dicotómico: ¡no existe más que derecha e izquierda! Y bueno… te pueden resultar más tolerables los unos o los otros pero eso no significa, necesariamente, que uno sea izquierdista o derechista. Hay fallos esenciales en ambas posturas, muy alejadas del sentir popular y en su consideración de los problemas más importantes… ¡Ya casi no distingo a los unos de los otros! Por ejemplo, si pensáis en “uniformidad” ¿en quién pensáis? ¿en derecha o en izquierda? ¡Y no es por lo de Bono y las corbatas! (aunque ahora que lo pienso…). Derecha e izquierda han evolucionado juntas y eso se nota.
La política a la que nos tienen acostumbrados produce indiferencia, repulsa o rabia… -y no sé que es peor- y este es el sentir de la mayor parte de personas que se sumaron al 15-M. El problema es que no hay otras opciones declaradas. Así según con quien hables y de qué hables, te clasifican, ineludiblemente, cómo facha o izquierdista... ¡cómo no existe nada más! En fin… una pena estar tan limitados.

Estaría bien que del 15-M surgiera algo real y esencialmente diferente. Una nueva forma de hacer política… ¡por qué no! Seguro que entre los indignados hay unos pocos políticos vocacionales en potencia que trabajarían por el bien de la comunidad a cambio de lo justo y necesario y sin exigir privilegios (¿o no?).

En cualquier caso la sociedad ha madurado y exige estar informada, ser consultada por sus representantes políticos y tener poder de decisión real en todas las cosas que le afectan directamente en la actualidad y/o en el futuro y a las generaciones venideras. Vaya acabo de ver un twit de un movimiento ecopolítico y social que defiende la ecología, la equidad y los derechos civiles… estos sí que saben: el futuro político ha de ser ecopolítico o no será.  

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