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24 jul. 2011

OTRA EXPRESIÓN DE VIOLENCIA EN LA SOCIEDAD

Un individuo de 32 años (no le voy a dar más publicidad escribiendo su nombre), cristiano antiislamista y de derechas, asesina a unas 91 personas en Noruega.

¡Un criminal antinatura, un antisocial! se podría decir. Pero no es ni lo uno ni lo otro. No es un loco como piensan algunos y, aunque lo parezca, ni siquiera un monstruo. Los psicólogos apuntan que sabía en todo momento lo que hacía y por qué. Sus vecinos o conocidos lo describen como una persona completamente normal, amable y sociable. Es difícil, si no imposible, averiguar cómo piensa o qué ocurre dentro de una persona para hacerlo actuar de esa manera… Me resulta más obvio y sencillo pensar, de forma generalista, en qué es la violencia, las características humanas y el contexto social en el que se expresan.

La violencia es una explosión de agresividad y la agresividad es un rasgo de conducta de muchos seres vivos, entre ellos la especie humana. Su función básica es dotar al individuo de posibilidades de supervivencia, permitiéndole atacar o defenderse cuando necesita cazar o tratan de cazarle a él; la agresividad también tiene un papel importante en la transmisión de los genes, la obtención de status y organización jerárquica de los grupos sociales de muchos animales, entre ellos los seres humanos. En el contexto social de un grupo reducido, como una manada de lobos o una tribu o banda de humanos, la agresividad no suele ser más que una ostentación de atributos (por ejemplo, y entre otras formas mucho más elaboradas de ostentación: los lobos enseñan sus dientes, los hombres exhiben su fuerza…) y ambas especies pueden enzarzarse ocasionalmente en breves peleas con sus iguales por lo general sin derramamiento de sangre, que muy rara vez se traduce en muerte violenta; cada individuo, dentro de un pequeño grupo, tiene su status y todos reconocen exactamente cuál es el suyo y el de los demás –y qué función tiene cada uno dentro del grupo-. Así las explosiones realmente violentas sólo se producen en la caza o en la defensa de su grupo social de otras manadas o tribus.
Pero, en las sociedades de grandes y densas poblaciones la agresividad debemos reprimirla y vehicularla –por ejemplo a ciertos acontecimientos como los festivos y deportivos- pues de otra manera la convivencia se haría imposible. Se le otorga el derecho exclusivo del ejercicio de la violencia a las fuerzas armadas y policiales del Estado tanto para mantener a raya a la propia sociedad cómo para defenderla de otras grandes sociedades o en incursiones en territorios ajenos para la obtención de recursos. Aún así se producen continuamente explosiones violentas de forma cruel y sangrienta: mujeres muertas a manos de sus parejas, criaturas muertas a manos de sus progenitores u otros adultos, animales mutilados y muertos por diversión… En las grandes sociedades los individuos son reemplazables, las funciones sociales las realizan las instituciones, las empresas, el individuo no tiene una función definida y necesaria de la que dependa toda la sociedad… Ser valorado y reconocido socialmente (la obtención de status) es algo exclusivo de unos pocos privilegiados. 
Estudios antropológicos y psicológicos apuntan a que la obtención de status es una necesidad humana muy acusada, a veces realmente exagerada, en muchos humanos. En ocasiones, para aquellos que acusan esta necesidad exageradamente y se sienten frustrados ante la imposibilidad de obtenerla dentro de una sociedad cada vez más grande y competitiva, la única forma de obtenerlo es realizando una acción que, por encima de cualquier consideración, les hará ser reconocidos y todos nombrarán y recordarán. Esta sea, posiblemente, la razón de matanzas indiscriminadas, muchas veces en nombre de ideologías y religiones que actúan como excusas racionales a enormes frustraciones, que son el resultado combinado de la propia naturaleza humana y nuestros tipos de sociedad. 

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