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26 jul. 2011

¿A ESTAS ALTURAS Y TODAVÍA NOS CREEMOS DIOSES?

En un vídeo de coaching, de estos que están tan en auge últimamente para motivar al personal empresarial; y que utilizan, en su discurso motivador, algunos conocimientos de la psicología y las ciencias naturales, el ponente decía que, el problema, es que en las escuelas enseñan que no somos más que animales –echándole la culpa a este hecho de la falta de ética y buen comportamiento empresarial-. Fue una pena que dijera esto… porque hasta el momento yo estaba fascinada con su discurso, tan coherente y lleno de verdad me parecía… pero ¡zas! Metió la pata el buen señor y yo desperté del estado hipnótico en el que había caído… ¿cómo es que personas que pasan por la vida como seres inteligentes, no son capaces de ver que hay más diferencias entre una sepia y un elefante que entre un humano y cualquier otro mamífero? -por poner un ejemplo-; no se trata de tener el conocimiento experto de un biólogo sino de evidencias que todos podemos ver -¿quién no ha visto una sepia y un elefante?- Pero, todavía se hace esa división simplista y absurda entre los humanos y el resto de animales… en un lado estamos nosotros y en el otro, ¡toda la infinidad de variadas formas de vida juntas en el mismo saco!
La idea que tenía este buen señor, implicaba dos conceptos complementarios e igual de absurdos: que los humanos nos diferenciamos del resto de animales solo por tener unos valores fantásticos y maravillosos y que el resto de animales son despreciables! ¡Cuando comprenderán algunos que ser un animal no es ser cualquier cosa bruta y malvada! Ser un animal es, simplemente, una definición de ser vivo sobre todo por lo que no es: un animal No es una planta, No es un virus y No es una bacteria.

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