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27 jul. 2011

CRISIS

La crisis es el tema estrella de las noticias. No hay ni un solo día en que no hablen del techo de deuda, de la bolsa y los tipos de interés, de rescates a países de la eurozona (Irlanda, Grecia…), de si nuestro país ha hecho los deberes que marca la comunidad europea, de la posibilidad de suspensión de pagos norteamericana… y cada poco, son entrevistados en televisión expertos economistas que dan su opinión sobre el asunto. Sin embargo, a los no expertos, nos resulta difícil entender lo que dicen aún cuando lo hacen en un medio público y, se supone, para aclararnos la situación.

Algunos han puesto su empeño en intentar explicarnos conceptos económicos en un lenguaje comprensible, incluso se han aventurado a formular las causas de la crisis (como, por ejemplo, Leopoldo Abadia en su libro “La crisis Ninja”). Aún así, la cosa sigue sin estar del todo clara….

Estamos en crisis porque, como dicen algunos, ¿hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? Y porque ¿somos unos derrochadores egoístas que pensamos, principalmente, en disfrutar al máximo y que se fastidie todo lo demás? algo de esto hay, la verdad es que sí…
Quizá, como otros apuntan, ¿es culpa del políticos ineptos y corruptos, banqueros usureros y grandes corporaciones que se han llevado el dinero de todos y, mientras viven como dioses, el pueblo paga las consecuencias con el paro y los recortes sociales…? Pues algo de esto también hay… también, ¡quien puede negarlo!

Además, todo esto se desarrolla dentro de El Mercado que es una entidad que nadie ve pero está en todos sitios fluctuando, impulsado por la sacrosanta Ley de la Oferta y la Demanda. Muchos defienden que es una ley justa, equilibrada y libre, dónde los precios bajan o suben en función de los compradores… ¿Es realmente así? ¿Está “equilibrada” esa Ley? Yo tengo serias dudas… si lo estuviera no habría, digo yo, personas sin casa y, en el mismo tiempo y lugar, casas que nadie puede comprar… -por poner sólo un ejemplo-.

Y siempre nos dicen que la culpa es del consumo, o sea, de los consumidores: si los precios se disparan por la inflación la culpa es nuestra por pedir demasiado, si se caen por la deflacción: la culpa es nuestra por pedir demasiado poco…
Pero ¿Qué es lo que hace que yo quiera o deje de querer un móvil iphon, un ipad e Internet móvil…? Pues, de pronto, se me ocurre que me los han estado pasando por delante de las narices durante bastante tiempo* antes de yo quererlos; además han empleado motivos y formas muy sugerentes y atrayentes, dándome diversas fórmulas para poderlo tener al alcance de mi mano.
Uno no puede desear ni pedir algo que desconoce. Y no vale decir eso de: ¡pero cada uno es libre de comprar o no! Decirlo es no conocer la naturaleza humana. Somos cómo niños: nos encanta jugar y tener siempre nuevos juguetes con los que desarrollar nuevos y emocionantes juegos, además somos animales sociales que necesitamos sentirnos identificados con nuestro grupo de referencia por medio de vestidos, señales –marcas, insignias, tatuajes, piercings, adornos, objetos decorativos- y elementos tecnológicos comunes –como utensilios o herramientas que usamos a diario-. ¡No somos culpables por querer todo lo que ven nuestros ojos y tienen nuestros iguales!

Pero, con todo esto, aún no hemos llegado a la base, al origen del asunto. Nosotros y nuestros actos, el mercado… todo se sitúa sobre un sistema natural complejo: La Tierra. Esto, que resulta tan evidente, parece que se les pasa a los expertos analistas (o lo obvian sin darse, o dándose, cuenta, no lo sé) a la hora de analizar las causas de la crisis.

Por una parte, parece que hay mucha preocupación por el Cambio Climático, el Medio Ambiente, la Biodiversidad y los problemas que enfrentamos ahora. Y por otra parte se habla de la Crisis. Cómo si fueran dos temas totalmente desvinculados que se dan en mundos aparte. Pero todo sucede dentro del mismo contexto: la Tierra. Y afectado por las mismas causas: el Desarrollo Humano.

Todas las cosas que podemos comprar u obtener de una u otra manera  salen de la Tierra. Las ya elaboradas tienen que producirse o fabricarse y para ello se utilizan materias primas y energía de la Tierra, las cosas no se fabrican de la nada, lo “artificial” no es más que una manipulación humana de lo “natural”.

Las actividades extractivas, las grandes ciudades, las vías de comunicación, la agricultura, la pesca y ganadería extensivas e intensivas han agotado y degradado grandes extensiones, ecosistemas que ya no funcionan como tales y, por lo tanto, ya no ofrecen recursos para la Vida –en mayúscula porque me refiero a la Vida en general no ha la vida de un individuo-.

Muchas de las minas de metales y pozos petrolíferos que sirvieron como materias primas y energía para el crecimiento y afianzamiento de nuestra civilización, en el último siglo, ya no son productivos o están dejando de serlo… Y los que lo son, o podrían llegar a serlo, cada vez se encuentran en lugares más lejanos y/o inaccesibles, con lo cuál cuesta mucho más –en términos económicos- obtener los recursos que necesita nuestra civilización.

Al mismo tiempo que los recursos naturales decrecen la civilización humana aumenta… aumenta no sólo por el crecimiento exponencial de los individuos, sino también porque todas las culturas se han ido subiendo al carro desbocado del Desarrollo.
En las últimas décadas estamos viviendo guerras globales por los Recursos Naturales a las que se les llama “Misiones” por la Democracia, la Paz y los Derechos Humanos (la de Afganistán fue la que se inició de forma más clara y evidente por causa de los recursos naturales… pero todavía se sigue apuntando exclusivamente a los talibanes y la falta de democracia).

Para acabar, el efecto invernadero provocado por nuestro uso y abuso de combustibles fósiles, que está generando el cambio climático, ha extremado las condiciones atmosféricas, causando diversos problemas, de mayor o menor magnitud, que también afectan a la economía y a nuestro bienestar. En los últimos años también ha aumentado la actividad sísmica, aunque, dadas sus características no podemos saber si entra dentro de la “normalidad” o si ha sido también inducida por la actividad humana.

En resumen: la crisis económica no es más que un reflejo de la crisis ecológica, provocada por nuestro modelo de sociedad: la sociedad basada en el desarrollo sin límites. Urge cambiar de modelo -de estrategia de supervivencia- por peligro de colapso inminente.
Pero, de momento, todos los países siguen el mismo modelo. Mientras se sigan destruyendo ecosistemas en pro de la civilización, se seguirán produciendo pérdidas millonarias que no harán sino aumentar la crisis y, entre tanto, tenemos que oír, cada día en las noticias, decir a los políticos que la solución a la crisis es: ¡Más Desarrollo!

¡Dónde vamos a ir a parar!

*Hay experimentos que demuestran que algo oído o visto insistentemente, queda gravado en nuestra mente y acabamos “incorporándolo” como algo propio y natural, repitiéndolo de forma automática. Esto lo saben muy bien los departamentos de marketing y publicidad de las grandes empresas.
Un experimento infalible a realizar por los que no suelen escuchar la radio: tratar de escucharla unos días y fijaros en una de esas horribles canciones que suelen salir los veranos –funciona si no os gusta al oírla, en caso contrario no se puede realizar el experimento-, ahora poneros cada día la misma emisora dónde la habéis oído ya que con toda seguridad la pondrán en antena varias veces al día. Al final del verano… ¡tarareareis la canción que tan horrible os pareció al principio y hasta os encantará! ¡Comprobadlo!

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